el diagnóstico de la venaMientras estaba sentada en una silla afelpada el jueves por la mañana, ajustando mis imitación-de-mezclilla pantalones cortos de examen muy de moda, miré hacia abajo desde los gráficos de sistemas de venas en la pared al pequeño bulto, casi imperceptible, en mi pierna derecha. Ese pequeño bulto me llevaría a un descubrimiento muy sorprendente.

Cuando empecé como escritora colaboradora para un especialista de vena del área de Austin hace un poco más de un año, no sabía nada de la salud de vena y si usted me hubiera dicho que la mía estaba en riesgo, probablemente me habría reído. Aún escribí acerca cómo las várices y el reflujo venoso a menudo se consideran afectar sólo a las personas de edad, pero puede ocurrir en personas más jóvenes. Pero nunca pensaba que yo fuera a ser una de ellas.

Comenzó en Zumba

La noche antes de mis 30a cumpleaños, fui a Zumba, una de mis formas favoritas de hacer ejercicio (y en general cosas favoritas que hacer). Tuve que salir a menos de la mitad—los lados de mis dos músculos de la pantorrilla palpitaban, enviando ondas corriendo hasta las cimas de mis pies, que a su vez me dolían y sentían hormigueo. Esto no era algo nuevo, pero esta noche el dolor era demasiado, incluso en mis medias de compresión, y manejé a casa sollozando.

La verdad es que me crucé con este dolor extraño casi un año antes, también en Zumba. Yo había estado tirándome por todo en los pasos de salsa y cumbia para un mes o dos, y un día el lado de mi pantorrilla derecha estaba gritando de dolor. Esto no fue un dolor muscular típico—era más de un sordo, palpitante dolor, y cuando hacia una pausa para estirar y luego saltando de nuevo a la rutina lo empeoró muchas veces más, tuve que parar y sentarme. Un cosquilleo punzante se había unido al dolor y el bulto en la pierna, por lo general menor, creció hasta muchas veces su tamaño.

Me había notado el nudo por primera vez hace 15 años, en el equipo de baile en la escuela secundaria. En aquel entonces sólo apareció cuando me puse en cuclillas, pero nunca me causó ningún dolor, y supuse que era parte del músculo y no pensé dos veces en ello—hasta ahora.

Cediendo al Compresión

De vuelta a casa, hielo en el lugar, estudié minusiocemente páginas y páginas de búsquedas y resultados de Google diferentes, tratando a indagar mi camino a una explicación para el bulto. Después de teniendo en cuenta la penetración limitada que estudio en el Internet puede lograr cuando se trata de las complejidades del cuerpo, decidí que más probable me había herniado parte de mi musculo, señalado a algo muy común en las pantorrillas de los corredores y triatletas.

Muy tercamente y con tristeza estuve de acuerdo a dejar de ir a Zumba por un tiempo. Mi padre preguntó si quería pedir prestado un par de sus calcetines de compresión. Yo literalmente me reí en voz alta. Había escrito sobre ellos extensivamente a este punto, pero nunca imaginé a yo misma en un par. “¿Quieres decir esas cosas para las venas varicosas? Creo que no necesito eso,” le dije, pero él me explicó que ayudan para todo tipo de cosas, incluyendo simplemente estar de pie, por lo que obligé y en broma envié a mi jefe de la escritura una foto de mi con uno puesto.

Unas semanas más tarde, me había mandando pedir un par de pares para mi. Por lo menos llegaron en rosa.

Cuando Seguí Empujando, se Puso Peor

Tal vez si hubiera prestado atención a las advertencias de mi cuerpo desde entonces, y hecho más para nutrir en lugar de empujar mis piernas, no habría salido de Zumba llorando un año más tarde. En el consejo de mi vecino, un fisioterapeuta profesional, reduje significativamente la intensidad y la frecuencia de mis ejercicios. A pesar de que, simplemente, no podía dejar de Zumba, ni PiYo, ni secuencias sudorosas de vinyasa yoga, y aunque llevaba mi calcetín rosa religiosamente, el dolor empeoró, con el tiempo reflejando en el mismo lugar en la pierna izquierda.

Con el tiempo, no podía conseguir a través de más de una canción durante jugando “Just Dance” con mi hermanito y hermanita.

Con el tiempo, no podía ir a bailar o para ver música en vivo sin “el latido” entrando.

Con el tiempo, no podía mantener poses del yoga de pie como guerrero o un triángulo sin olas y juncos y dolores.

Con el tiempo, me pegó en la cara que todos los síntomas que estaba teniendo eran los mismos y exactos de los que había estado escribiendo.

Y fue entonces finalmente que me decidí a enfrentarme a la verdad que mis venas jóvenes estaban luchando.

Así que llamé y hize una cita con el Bunker Vein & Imaging Center.

La Experiencia es la Mejor Maestra

Tal informada como yo me había considerado anteriormente en materia de salud venosa, no puedo describir que tan diferente ha sido entenderla a través de la experiencia en lugar del intelecto. Eso solo, probablemente me ha dado material suficiente para 5 más entradas del blog.

En las dos semanas entre mi evalulación inicial y la ecografía el jueves, se me convirtió en exponencialmente más consciente de las sensaciones en las piernas, que yo fácilmente podría haber estado amortiguando o minimizando por años. Si usted nunca ha sentido visceralmente la sangre viajando a través de cada pulgada de su vena, déjeme decirle, le asustará.

Con el tiempo, pude sentir la parada-y-arranque, irregular flujo de sangre cerca de/a traves del nudo, como una manguera de jardín doblada.

Con el tiempo, me di cuenta de que los dolores en los costados y la planta de los pies fuera de la sangre acumulando y pulsando en las venas allí.

Con el tiempo, incluso cocinar una comida completa en mis pies (algo que podría hacer fácilmente para muchos horas del día antes) se convirtió en un reto.

Con el tiempo, me encontré siguiendo todos los consejos que había escrito sobre, tomando descansos muchas veces al día para elevar mis piernas encima de una pared.

Que mi Diagnósis Sea Tu Alerta Temprana

El jueves por la mañana, el Dr. Bunker confirmó que tengo insuficiencia venosa en ambas piernas. Todas de las 4 venas principales en las piernas están reflujando, o permitiendo que la sangre fluya a contrapelo, en diversos grados. Las válvulas que controlan el flujo de sangre en las venas se supone que permanecer abierta durante un máximo de 1/2 segundo. En ciertos puntos, mis válvulas están permaneciendo abiertos por más de 3 o 4 segundos, más de 8 veces más de lo normal.

Soy increíblemente afortunada y bendecida por la casualidad de escribir para un especialista en la vena y fue recogiendo pistas sin saberlo para mí misma. De lo contrario, no estoy segura de cuánto tiempo se me han llevado a armar el rompecabezas, o para ir a un chequeo. Tal vez nunca lo tendría.

He aprendido mucho de esta experiencia. Todavía estoy aprendiendo. Y si hay una cosa que le pudiera decir, es esta—escuche a su cuerpo, y no asuma que su juventud, vigor, ni nivel de forma física impide la enfermedad de vena o cualquier otro problema de salud.

No encajo muchos de los factores de riesgo típicos de la enfermedad venosa—nunca he estado embarazada, no tengo antecedentes familiares conocidos, y estoy en condicion relativamente buena. Todavía no estoy muy segura de lo que me lo desarrolló. Tal vez tiene que ver con haber nacido 8 semanas antes de tiempo, o tener 2 diferentes tamaños de piernas/pies, o trabajar en mis pies como una azafata o sentada en una mesa de trabajo.

Tal vez todo sucedió para que pudiera escribir a usted con más compasión, experiencia y profundidad—que le inspire para cuidar proactivamente de su cuerpo precioso. Sólo tenemos uno.

Por favor, aprenda de mis errores. Si usted ha notado un latido sordo, o sentimientos corriendo en forma de onda, o ardiente o picazón ligero en ciertos puntos en los pies y las piernas, especialmente después de estar en sus pies, llame a Bunker Vein & Imaging al (512) 726-0599 para un evaluación gratis. No espere hasta que se pone peor. Como yo aprendí en mi 30a cumpleaños, si lo hará.

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